Foto Relato
EL ORÁCULO DE LA LUNA ROJA
Por fin era el día o mejor la noche. La noche en la que la
luna roja hablaría y daría el máximo poder que puede desear una diosa para
regir los destinos de miles de almas que sin saberlo dormían y seguían con sus
vidas ajenas a lo que esa noche traería.
Sería en las profundidades del bosque encantado y sagrado de Dodona,
ajeno a las miradas indiscretas que ni los mismos osos se atrevían a circundar
sus tierras, por la espesura de los árboles y por los espíritus que se intuía
que allí habitaban, donde se produciría el ansiado oráculo.
Cuatro eran las diosas que anhelaban llegar a ser la gran
elegida, la que decidiría el destino del mundo en los 100 años siguientes hasta
la siguiente luna roja y la que decidiría las cualidades que albergarían las
nuevas almas nacientes.
Allí estaban presentes la diosa tierra llamada Gaia, la
diosa aire llamada Aer, la diosa agua llamada Hydro y la diosa fuego llamada
Piros.
Todas empezaron su danza frenética en honor a la Luna Roja,
luna teñida de sangre donde se mezcla tanto el amor como la ira. Todas querían
ser las elegidas, pero solo una sería la bendecida por el rayo rojo lunar que
la marcaría como la suma diosa, como la escogida.
Concluida la danza, la luna habló y dirigió su rayo a la
diosa Gaia. Emocionada por su elección, sabía que tendría que escoger aquellas
cualidades que albergarían las almas nacidas bajo el signo de tierra en los
próximos 100 años y subiendo al altar exclamó:
VALENTÍA, SABIDURÍA, INTELIGENCIA, HONESTIDAD, BONDAD y
SINCERIDAD, esas son las cualidades que quiero para mis elegidos.
“Así lo has dicho y así será” dijo el dios Amón que presidía
el oráculo. El resto de las cualidades humanas serán repartidas entre las demás
diosas al azar, sin posibilidad de elección. Y en 100 años volveremos a
encontrarnos para el nuevo oráculo de la Luna Roja.
¿Adivináis de qué signo soy?

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