RELATO GANADOR
RELATO GANADOR EN LOS LADRONES DE LIBROS LOS ESTANTES
Poco a poco las maletas se iban llenando. Su hija iba
depositando su ropa y recogiendo sus pertenencias, dejando libres los estantes
del armario que habían sido refugio y guardián de todos sus enseres personales.
Pronto revelarían que su vida iba a tomar un nuevo giro, un nuevo camino lejos
del hogar que hasta ahora había sido compartido.
No había tristeza en su mirada, ni lentitud en sus movimientos;
muy al contrario, toda ella irradiaba ganas de salir de aquella vida que la
ahogaba y que otros le habían hecho ver como un peligro, una mala influencia y
una toxicidad que, de seguir, la asfixiaría por completo.
Su madre estaba impasible, congelada ante esos instantes que nunca
pensó que viviría. La dureza del momento impedía que brotasen lágrimas de sus
ojos; estaban tan asustados e inmóviles que solo reflejaban perplejidad,
sufrimiento y confusión ante una conducta distante e inmerecida que estaba
devastando su corazón.
Solo oyó un adiós como despedida y el sonido seco del golpe de una puerta. Miró a través de los cristales de la ventana. Estaban enteros salpicados por gotas de lluvia. Su mano acarició el gélido vidrio para intentar darle su adiós, pero ni siquiera vio la silueta de su hija voltearse para buscar su mirada; únicamente la vio alejarse y solo la lluvia reflejada en los cristales pudo llorar el vacío por ella.

Comentarios
Publicar un comentario